sábado, 2 de abril de 2011

Tanta confusión de jazz, tacones, tanto puré de zara, Cañadio , las pirámides, el despeluchado Camden, Venecia en primavera, Somo en verano, tantas conversaciones, besos, hostias, tantos segundos eternos, condenas. Pies de roca como la luna o movimiento ligero de gato. A veces me veo cara de gilipollas mientras me disfrazo para ir al colegio y luego me crezco y ando hasta que estoy en el tejado. Dudo ya de todo, menos del amor. Creo sinceramente que somos prisioneros de ahí las neuras y patadas o el deseo de ser un esqueleto, de ahí el color rosa de los labios la braga faja y los barbitúricos, aun recordamos, a nuestro pesar que somos materia de astro, estrellas, que somos sueño y al sueño no se le esclaviza, estamos sujetos a horarios de lavadora, con la amenaza constante del destierro que duele más que los palos.
Al nacer nos entregaron a un verdugo no imaginado, real, nuestros padres nos entregaron a un verdugo, no imaginado, real, nuestros padres se convirtieron en ese verdugo, no imaginado, real y nos pusieron en la conciencia esta cárcel perpetua, del deber, y el servir, y el agradecer un sueldo a cambio de nuestra vida. Estamos encerrados en fantásticas ciudades con fantásticas vitrinas y maravillosas ventanas de persianas verdes, con vecinos que tosen y cagan y follan (poco), con la obligación de dar las gracias, ciegos, porque fuera esta el bosque lleno de flores gratuitas, Pero ya es tarde, somos prostitutas de cerebros y carne y piel.

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